En la altura de Cusco, donde el aire se hace más ligero pero el orgullo pesa más, la selección femenina de Perú regaló una de esas victorias que se sienten en el alma. Fue 2-1 ante Uruguay, en un partido que empezó cuesta arriba, pero que terminó con la garra, el coraje y la fe de la “Bicolor” imponiéndose hasta el último minuto.
El golpe inicial llegó temprano. Uruguay se adelantó con un penal convertido por Pamela González a los 25 minutos, silenciando por un momento a la hinchada local. Pero este equipo peruano tiene algo que no se negocia: carácter. Y así, apenas unos minutos después, Alesia García apareció para devolverle la vida al partido y encender nuevamente las tribunas.
Cusco empujaba, Perú crecía y el partido comenzaba a teñirse de rojo y blanco. Antes del descanso, la expulsión de Laura Felipe dejó a Uruguay con diez jugadoras, abriendo una puerta que las peruanas no estaban dispuestas a desaprovechar.
En el segundo tiempo, con el aliento constante desde las gradas y el orgullo a flor de piel, Perú salió decidido a escribir su historia. Y lo logró. A los 71 minutos, Sandra Arévalo encontró el momento justo, el espacio preciso, y con determinación marcó el gol de la remontada. Fue un grito contenido que explotó en todo el estadio, un gol que no solo valía tres puntos, sino también esperanza.
Nuevos horizontes en el fútbol femenino
Más allá del resultado, lo que dejó este partido fue una señal clara: el fútbol femenino peruano sigue creciendo. Esta victoria no es solo un triunfo en la tabla, es una muestra de la firme decisión de trabajar
Porque cuando Perú juega así, con el corazón por delante, cualquier sueño parece posible. 🇵🇪